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Isa Bermudez Febres

La mesada: una de las mejores herramientas para enseñar educación financiera en casa

Si tuviera que escoger una sola herramienta para enseñarle a un niño a manejar dinero, escogería la mesada.

¿Por qué? Porque la mesada replica exactamente lo que será su vida financiera cuando sea adulto: recibe un ingreso, tiene deseos y necesidades, y debe decidir cómo administrar ese dinero hasta que llegue el próximo ingreso.

La mayoría de nosotros no tuvimos esa práctica cuando éramos pequeños. Llegamos a la adultez aprendiendo a los golpes, gastando de más, endeudándonos o entendiendo demasiado tarde la importancia de ahorrar. La mesada permite que nuestros hijos aprendan esas lecciones cuando las consecuencias todavía son pequeñas.

Ahora bien, dar una mesada no consiste simplemente en entregar dinero.

Lo más importante es que tu hijo entienda para qué es ese dinero y para eso hay que ser muy específico: por ejemplo, la mesada es para salidas con amigos, antojos , snacks en el colegio o gustos personales.

Si gasta todo durante la primera semana, tendrá que esperar hasta la siguiente mesada. Si administra bien su dinero, podrá disfrutarlo durante más tiempo o incluso ahorrar para comprarse algo más grande más adelante.

Uno de los errores más comunes que cometemos los padres es rescatarlos cuando se quedan sin dinero. Entiendo perfectamente la tentación. Ver a un hijo frustrado no es fácil, pero cuando siempre aparece alguien a resolver el problema, no hay aprendizaje.

Aprender que el dinero es limitado forma parte del proceso.

La mesada también es una excelente oportunidad para enseñar ahorro. Eso sí, el ahorro funciona mucho mejor cuando tiene una meta concreta. Para un niño es difícil emocionarse con la idea de “ahorrar por ahorrar”. En cambio, si quiere una bicicleta, un juguete o un videojuego, comienza a entender que guardar dinero hoy le permitirá conseguir algo más grande mañana.

Además, la mesada ayuda a desarrollar una habilidad que será fundamental durante toda la vida: la capacidad de esperar. Vivimos en un mundo donde todo es inmediato, pero las metas importantes suelen requerir tiempo. Aprender eso desde pequeños tiene lo pone por delante de muchos que se dejarán llevar por las gratificaciones inmediatas y caerán en el endeudamiento.

Y hay algo más: la mesada también fortalece la autoestima. Cuando tu hijo logra ahorrar para comprar algo por sí mismo, siente orgullo, descubre que es capaz de planificar, tomar decisiones y alcanzar objetivos.

La educación financiera empieza con pequeñas decisiones cotidianas. Una mesada bien utilizada puede enseñar más sobre dinero que muchas clases con un experto financiero.

Al final, el objetivo es formar adultos capaces de tomar buenas decisiones, planificar su futuro y utilizar el dinero como una herramienta para construir la vida que desean. Y la mesada es uno de los mejores lugares para comenzar.

Si tu hijo ya sabe sumar y restar (normalmente entre los 6 y 7 años), ya está listo para comenzar a administrar dinero. Con criterio y dentro del prespuesto del hogar, comienza a enseñarles el valor del dinero, a ser pacientes y sobre la independencia financiera desde pequeños.

Isabel Bermúdez Febres
Psicólogo financiero